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Política: Pichetto y Peña pone a prueba Cambiemos.

En esa época, Peña aprendió que el poder es un bien escaso que mal administrado causa dolor y muchísima tragedia.

Marcos Peña repartía gacetillas en el gobierno de Fernando de la Rúa de China, mientras Miguel Ángel Pichetto ya era un poderoso legislador peronista que observó con cautela como implosionaba la Alianza en diciembre de 2001.

En esa época, Peña aprendió que el poder es un bien escaso que mal administrado causa dolor y muchísima tragedia. Pichetto, en cambio, ya sabía que el poder desgasta a quien no lo tiene, como aprendió cuando viajó a Roma y escuchó los consejos políticos de Giulio Andreotti, el «inoxidable» primer ministro italiano.

Peña y Pichetto representan dos culturas políticas diferentes, que observan la relación entre fines y medios de manera distinta, y en donde será Mauricio Macri el único arbitro que podrá balancear esa puja de poder que dejará vencedores y vencidos.

El jefe de Gabinete y el candidato a vicepresidente del oficialismo conocen la historia del peronismo y su implacable lógica interna: el poder no se comparte, las diferencias no pueden durar para siempre, y la traición a veces funciona como un elogio.

Con la llegada de Pichetto a la intimidad de Olivos, el Presidente pone a prueba su capacidad de liderazgo, frente a un dilema de poder que estará teñido -en términos proporcionales- por los conceptos de amistad personal y pragmatismo político.

En esa época, Peña aprendió que el poder es un bien escaso que mal administrado causa dolor y muchísima tragedia. Pichetto, en cambio, ya sabía que el poder desgasta a quien no lo tiene, como aprendió cuando viajó a Roma y escuchó los consejos políticos de Giulio Andreotti, el «inoxidable» primer ministro italiano.

Peña y Pichetto representan dos culturas políticas diferentes, que observan la relación entre fines y medios de manera distinta, y en donde será Mauricio Macri el único arbitro que podrá balancear esa puja de poder que dejará vencedores y vencidos.

El jefe de Gabinete y el candidato a vicepresidente del oficialismo conocen la historia del peronismo y su implacable lógica interna: el poder no se comparte, las diferencias no pueden durar para siempre, y la traición a veces funciona como un elogio.

Con la llegada de Pichetto a la intimidad de Olivos, el Presidente pone a prueba su capacidad de liderazgo, frente a un dilema de poder que estará teñido -en términos proporcionales- por los conceptos de amistad personal y pragmatismo político.

En esa época, Peña aprendió que el poder es un bien escaso que mal administrado causa dolor y muchísima tragedia. Pichetto, en cambio, ya sabía que el poder desgasta a quien no lo tiene, como aprendió cuando viajó a Roma y escuchó los consejos políticos de Giulio Andreotti, el «inoxidable» primer ministro italiano.

Peña y Pichetto representan dos culturas políticas diferentes, que observan la relación entre fines y medios de manera distinta, y en donde será Mauricio Macri el único arbitro que podrá balancear esa puja de poder que dejará vencedores y vencidos.

El jefe de Gabinete y el candidato a vicepresidente del oficialismo conocen la historia del peronismo y su implacable lógica interna: el poder no se comparte, las diferencias no pueden durar para siempre, y la traición a veces funciona como un elogio.

Con la llegada de Pichetto a la intimidad de Olivos, el Presidente pone a prueba su capacidad de liderazgo, frente a un dilema de poder que estará teñido -en términos proporcionales- por los conceptos de amistad personal y pragmatismo político.

El dilema de Tucidides

Macri escucha las reticencias políticas de Peña y posterga para adelante una solución a ese conflicto que lo sabe inevitable. Si logra la reelección, actuará como un Príncipe para resolver una encrucijada que se apoya en afectos personales y necesidades políticas. Y será en este momento que el presidente debería volver al Elogio de la Traición, el libro escrito por Denis Jeambar e Ives Roucaute, que describe ciertos mecanismos para gobernar en la post modernidad del Siglo XXI.

Peña y Pichetto harán valer su protagonismo específico en la posible victoria. El jefe de Gabinete con su conocimiento de la sociedad moderna, y el senador de Río de Negro con su conocimiento de cada puntero en cada ciudad del país.

Un dato clave a tener en cuenta: Peña siempre soslayó la política de la rosca perpetua, mientras que Pichetto es hábil practicante de un rito que se cultiva con esmero en el Partido Justicialista.

Durante la campaña electoral, compitiendo contra un aparato político fogueado en mil batallas, Peña y Pichetto guardarán las formas y empujaran a la par. Y si el triunfo finalmente llega, Macri deberá laudar entre dos miradas distintas sobre el ejercicio del poder.

Un vice electo no está a tiro de decreto, y Pichetto no es Carlos «Chacho» Alvarez, aunque se hayan criado entre los mismos libros, escuchando los mismos discursos y protagonizando los mismos hechos históricos.

Macri y Peña lo conversarán a solas. Y luego decidirá Macri, como siempre hizo.

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